Del experimento de Milgram a ‘enRedados’

“No puedo creer que también conozcas a Vania, si ella es de Talca!… ¿cómo es que la conoces si tú vives en Valparaíso? Este mundo es un verdadero pañuelo…” le dijo Juan Pablo a Edmundo.

La verdad es que ese tipo de “sorpresas” son más habituales de lo que pensamos, de hecho, no son sorpresas y hasta existen expresiones en distintos idiomas que demuestran lo común que son estas triangulaciones sociales. La pregunta es ¿cómo es posible que en una población tan grande como la chilena, este fenómeno sea más común de lo que pensamos? La respuesta es simple, pero, aunque parezca una contradicción, tiene que ver con la complejidad de nuestro sistema social.

UN POCO DE HISTORIA

En el año 1967, un profesor de la Universidad de Harvard realizó un experimento que puso en evidencia lo “pequeño” que es nuestro mundo social. Stanley Milgram, el profesor reconocido por el ingenioso diseño de sus experimentos, se propuso contabilizar el número de personas que podrían participar como intermediarias en la transmisión de una carta enviada desde el centro de EE.UU. a la costa este, más específicamente al pueblo de Sharon, en Massachusetts y a la ciudad de Boston.

Las ciudades que escogió Milgram como origen de las cartas eran Wichita en Kansas y Omaha en Nebraska. Su elección no fue casual… ambas ciudades son consideradas por los Norteamericanos como verdaderos lugares “donde el diablo perdió el poncho”, es decir, están en medio de la nada.

La idea era que desde esas ciudades salieran cartas destinadas a 2 personas: a la esposa de un estudiante en Sharon y a un agente de la bolsa en Boston. Para ello las instrucciones del “juego” eran muy claras. Si la persona conocía a la esposa o al agente de la bolsa, podía enviarles las cartas directamente, pero si no los conocía, no debía intentar contactarlos, sino que debía enviar la carta a alguno de sus conocidos que, eventualmente, pudiese conocerlos.

¿Cuántas personas intermediarias se necesitarían para que la carta llegase a destino? Milgram y otros connotados investigadores hacían sus apuestas. Dudando que las cartas llegasen, si éstas lo hacían requerirían a lo menos aproximadamente 100 intermediarios.

Sin embargo, el resultado del experimento fue otro, muy distinto. Si bien hubo cadenas que se cortaron y las cartas no llegaron, las que lo hicieron necesitaron muy, pero muy pocos pasos, 5.5 en promedio!! Como no existe media persona (0.5), el resultado decía que lo que separaba a dos personas, en promedio, en una población inmensa, era solo 6. Este fenómeno se conoce como ‘6 grados de separación’ y pone en evidencia lo “cerca” que estamos todos, en promedio.

Por mucho tiempo se pensó que la explicación era que las redes sociales eran redes con conexiones aleatorias: ¿por qué? Porque habían modelos matemáticos de redes con enlaces generados por azar que también presentaban la propiedad de mundo pequeño. No obstante, mientras continuaba la investigación sobre redes sociales, la evidencia apuntaba a que éstas, al igual que otras redes, tenían una complejidad muy alejada de la aleatoriedad, del azar en las conexiones. Es más, eran redes totalmente distintas a las aleatorias, donde la gran mayoría de los “amigos” de un nodo eran también amigos entre si y, tal vez lo más importante, con la gran mayoría de nodos poco conectados y unos pocos densamente conectados. Son precisamente estos últimos los que funcionan como puente para “achicar” las redes sociales y hacer de estas un verdadero pañuelo.

El experimento de Milgram se ha vuelto a repetir corroborando e incluso reduciendo el tamaño del mundo social… todo apunta a que cada vez estamos más conectados.

Te invitamos a descubrir esta y otras propiedades de las redes en el libro que tienes en tus manos.

 

 

Juan Pablo Cárdenas V.

Edmundo Bustos A.

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